Perdida en una cuota de aire infinito, desvaneces los clavos del desespero. Amanecer de primaveras sabor a abril, cubierto de frutos que ni las balas logran tocar.
Silente paloma que arrulla al caído, trayendo colores de sueños intensos. Suenan pasos de los que mueren y nacen a cada instante, cantando su pena al son de las 12.
Dulce jazmín emerge de la nada, aliento y rocío en partes iguales. Aquel que reposa en el infinito anhela lo que nunca probó, murmurando letras torpes del veredicto que no leyó.
Sentado entre cielo y mar vive cada sorbo de vino, calmando con amarga ironía la sed su presencia. Anhelantes las ventanas esperan el aviso, marcando pauta al compás del minutero.
Lanzas lastiman el frágil armazón que viste, tretas del engañoso aparato que marca sus días bajo el cielo. Sombras dispersas dejan ver lo que no es, madera y metal batallan frente a millones de testigos.
Cercanía de pasos lejanos, deseos de conocer, de sentir. Puentes de 460 Km. mostrando figuras difusas a lo lejos; camino largo y árido han de recorrer.
Percusión y vientos aceleran la piel, carceleros de si mismos huyen al canto del gallo. Baja la frente imaginando su voz a lo lejos, muestra la cerviz en espera del buen verdugo.
Fantasmas que van y vienen sazonando particularmente la cotidianidad. Letras en caída libre llenan el espacio entre rocas, haciéndolas parte del mismo muro.
Temores compartidos con agradables sensaciones, esperanza y fe compañeros en la distancia. Joyas robadas que nunca fueron, seres que guardan las alas de otro gentilmente.
Voces ausentes en cortos retazos de diarios, lamentos de lo que fue y lo que es. Susurros de mil gentes dentro del mismo recinto, locura fragmentada transpira la hoja frágil que aún no asoma a la rama.
Cadencia de sentimientos contoneándose entre granos de arena, golpes en la puerta como gigantes al asecho. Se enciende un faro que apenas puede observar, marcando norte rumbo a puerto desconocido.
Despierta y mira el reloj traicionero para enfrentar el día. La esperanza densa el ambiente ensordeciendo a la razón. Con la ausencia presente jura recorrer la distancia que separa las puertas sin cerrojo que se abren sólo desde adentro.