Calor entre
suspiros, lentitud, cercanía de miradas incansables de mirar. Labios
itinerantes entre palabras y silencios. Energía que fluye entre arreboles y
sensaciones olvidadas; latidos intensos cual heraldo que lleva declaración de
guerra.
Allí está,
queriendo cubrir la pena tras las rejas, en el espacio donde perder y ganar
dejan la misma sensación. Sonríe una vez antes de dormir, entre sábanas de
quebranto y recuerdos. Su alma al pasado y aún el presente la acepta con brazos
anhelantes.
Perdida entre
colores intensos de atardeceres y susurros las pupilas caen lento como el sol
en septiembre, dejando transparente un alma ante otra. Cada acorde se saluda
con gentil decoro, mostrando el tatuaje de dos nombres en sus rostros. Caricia
entre letras, respiración profunda luego entrecortada. Labios sórdidos negándose
la bondad, explosión repentina que trae calma.
Un instante, uno
y nada, nada y todo. Arrebato del músico, ojos cerrados y corazón abierto.
Concierto para dos sin sombras entre si, cadencia de ritmos entre sensaciones
aumentadas. Cuerdas rasgadas haciendo su labor, robando paz y trayendo un
tanto. Giros desenfrenados, calma y guerra jugando a amar el tablero de
ajedrez.
Frecuencias
danzantes inundan la habitación, guiando al borde a los que se miran sin palabras.
Los cuerpos sobran cuando las almas juegan, coquetas las ondas estimulan el
aire en colores que alguien olvidó.
Servidas las
copas de vino nuevo, bebe la suya mirando fijo la otra intacta. La deja en la
mesa cual faro, aguardando su regreso.
Perdidos uno a
uno los segundos se buscan en el marrón de sus ojos. Perdidos en el aliento y
la piel entre figuras, cabello al viento y una media sonrisa pícara esta vez. Perfume
de tanto y tan poco, violenta vuelta buscándola entre la multitud. Perdido y
preso en una bocanada de aire, vuelve a la copa en silencio mientras espera
verla colarse otra vez.
Sienten los
sentidos sintiendo texturas y sonidos. Sienten y miran la tarde correr. Miran
siendo ellos mismos, siendo ambos uno sin necesitar ser nada más. Sienten y
miran sus manos acercarse, sintiendo la cercanía de la piel. Sienten los
sentidos hablando sin hablar. Latidos, silencio, roces.
Sinfín de besos,
sabores suaves esperados por muchas lunas. Danza que repite como un trance sin
ver las arenas irse como nada.
Entre sueños
quedó aparcado a la ventana esperando ver amanecer, la aurora no llegó al caer
los últimos granos.
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