Nuevamente vienes a este lugar que nadie recuerda, ese donde tomas un trago mirando fijamente y sin misericordia.
¿No te cansas de caminar hasta acá? ¿Tanto disfrutas la compañía? Tal vez te agrada el silencio que hace mientras la jungla de afuera gira entre fieras y maldad.
No hay día en que no esté un poco desordenado, lleno de sueños tirados por doquier, otros ordenados y algunos bien guardados.
¿Te parece un sitio acogedor? Ya no vale la pena limpiar, le da su propio encanto mantenerlo tal cual está.
Maletas y baúles llenos de melancolía y sinceridad, apartados de todo y de todos. Llanto y Risa colgados en la pared, retrato el uno del otro (gemelos, tal vez).
Pensándolo bien no se ve tan agradable como para pasar tanto tiempo merodeando entre escombros, así que reitero la interrogante: ¿Por qué vienes tantas veces aquí?
Sentada en medio de la habitación coqueteas jugando con tus dedos y tu boca. En silencio contemplo el espectáculo y abruptamente despierto.
¿A qué hora regresas? Ya es costumbre tu presencia en este sitio que hasta yo mismo olvido. En la ansiedad de la espera se sumerge el pensamiento mezclado con el aroma de tus cabellos.
No llores, lucero. Brilla y sonríe para mí. A lo lejos espero aunque lejana y ajena te muestras. Dame alegrías ¡Oh, lucero! Baila para mí y resplandece en un giro antes del beso que robas sin tocarme.
0 comentarios:
Publicar un comentario