En horas de la tarde el Ingeniero Arturo Urdaneta, bajista de la conocida banda Atrius fue muerto tras ser atacado brutalmente por un chipichipi.
El también escritor se encontraba en la bahía de Pozuelos recopilando material para su próxima novela, la historia épica titulada “Los 4 Verdugos”.
Voceros de la morgue del Hospital Universitario Dr. Luís Razetti negaron el acceso a los medios de comunicación alegando que el cuerpo del occiso quedó irreconocible y en muy mal estado.
El ataque del antes mencionado molusco dejó un saldo de 3 heridos aparte de la víctima mortal del hecho.
El chipichipi será trasladado a la cede del CICPC para proceder con los interrogatorios de rigor a fin de esclarecer el motivo del asesinato.
Los familiares del victimario alegan que nunca habían visto de parte del mismo ninguna señal de violencia, que era estudiante y que jamás había cometido un hecho de este calibre.
Hoy, entre páginas amarillas llenas de memorias, escribo al viento esperando inútilmente el regreso del tiempo perdido. Las tardes de mayo se ven más grises sin ti. Aun la suave melodía del piano suena a maderas golpeadas incoherentemente.
Sentado en aquel pequeño café que tanto te gustaba, miro con nostalgia al cielo teñirse de negro. Una silla vacía sella el momento con la rudeza de la verdad. Aclaro mi garganta seca mientras escucho la pequeña campana con la que convocan a los meseros.
Otra pareja llega al lugar tomando la mesa que solíamos tomar, la mesa que daba al pasillo, donde puede verse a la gente pasar.
Callado, casi inerte, en el lugar mas frío del local, con el corazón desnudo y hecho un desierto espero tu regreso como ave en verano. Iluso y esperanzado te imagino a mi lado disculpándote por llegar tarde, hablando de lo duro del día mientras perdido en tus ojos digo sin palabras: “Te amo”.
Aquí sigue mi alma aun en silencio por tu ausencia, en ese lugar que tanto te gustaba, el pequeño café lleno de colores donde nuestras miradas se fundieron por primera vez. ¿Lo recuerdas? Escuchando la pequeña campana con la que convocan a los meseros. Gente va y viene y no llegas.
Mientras pido algo para justificar mi estadía escucho las risas de la gente a lo lejos. Los árboles cantan al viento su melancolía. Pienso en ti una vez más y respiro. Un farol quemado atenúa la luz en el lugar, haciendo a la lóbrega noche un tanto más oscura de lo usual.
La brisa nocturna sopla con aliento a mar, frío, suave, sincero. ¿Me olvido de ella? ¡Como si eso fuera una opción! ¿Dejo de esperarla? Si hiciera mi mejor intento sería imposible borrar tus ojos de atardeceres.
Aun sigo en aquí aunque no quieras saberlo. Pintándote en caras ajenas, hipnotizado por el sonido de la pequeña campana con la que convocan a los meseros. En aquel pequeño café que tanto te gustaba. Perdido entre canciones con sabor a ti, esperando que el tiempo amigo decida regresar tu rostro soñador a este ya no tan cuerdo personaje.
¿Qué hace especiales las experiencias? ¿Qué las hace positivas o negativas? ¿Qué nos hace recordar una simple melodía como algo sublime? ¿Qué pasa cuando nuestra mente evoca situaciones amargas que deseamos nunca haber vivido?
La mayor parte del tiempo el destino nos sorprende con vivencias tan impactantes que nuestro corazón decide hacerlas perpetuas. Conjunto de pequeños detalles que formando un todo complejo son transformados radicalmente en recuerdos, hechos que separados podrían significar cualquier cosa, pero juntos son momentos sublimes e inmortales en la mente.
El color de la tarde, el sol cayendo en el instante adecuado, el aroma de su cabello y el viento, una sonrisa, una mirada fija y callada. El reflejo de las nubes en el mar, risas de niños, frases comunes significando más de lo que dicen entre sonido de olas batallando con las piedras en la orilla. Pequeñas cuentas brillantes bordadas en el gran lienzo que arropa la noche en su plenitud.
Cuando nuestros ojos están abiertos para contemplar el majestuoso espectáculo que brindan las cosas simples, podemos ver que el destino no juega a los dados, que las casualidades son excusas para justificar explicaciones a lo que no tiene, que el amor vibra en cada fragmento de la pequeña partícula a la cual llamamos tierra.
Si aun en sueños vuelvo a verte tomaría los abusos que no tomé por tímido, tonto o idiota. Pediría tu número telefónico en lugar de mirar fijamente tus labios, preguntaría el por qué de tu mirada triste y pensativa. Evitaré respuestas ambiguas a preguntas directas.
No escaparía a confesiones, hablaría de tu hermosa sonrisa. Abiertamente aceptaría que no puedo olvidar la noche que entre poemas de Neruda y novelas de terror desnudamos nuestras almas sin necesidad de nombres o presentaciones pomposas.
Si llegase a tropezarme contigo, aunque solo en algún rincón del pensamiento, sería más osado, conversaría del efecto de tu rostro en mí, de la forma en que lentamente recoges tu cabello mostrando la delicada línea de tu cuello, sin rodeos admitiría que te extraño.
Platicaríamos de encuentros fortuitos, peculiares caprichos del destino, de extraños hablando durante horas, de todo y de nada en particular, del tiempo que como neblina se desvanece al amanecer, de la noche convertida en día en un pestañar.
Sin pudor diría que para mi eres perfecta. Te haría inmortal en una melodía que intente describir tu esencia y fuerza, dulzura y gentileza en un mundo falso y ruin. Eso eres para mí.
La esperanza de ver tus ojos otra vez es ínfima pero real.
Cuando por casualidad, destino o qué se yo te tropieces con esto sabrás que sigo esperando por ti en aquel sitio olvidado del universo, desde donde pude alcanzarte con tinta y papel. Si lo recibes con dicha o desdén, espero sientas libertad de decirlo con la sinceridad de una bala.
Si tomaras este puñado de letras y las desecharas no me importaría, son tuyas, puedes hacer cuanto gustes con ellas, solo pido que las trates con sutileza, lo digo por su bien, pues suelen ser muy sensibles. No las hagas llorar.
Desde el más callado rincón te escribo, entre circuitos y hologramas de ti. Aplicando leyes y estadísticas absurdas para contradecir los axiomas de la vida. ¿Habrá tiempo en el tiempo para verte otra vez?