jueves, 9 de septiembre de 2010

Recuerdo de mi amigo Tito (Mi bajo y yo)

Mientras escuchaba una canción de un afamado cantautor venezolano (Oscar de León), recordé algunas de las muchas veces que le cantaba a mi primer bajo (Tito, un IBANEZ GSR100, sencillo y descontinuado).

Viví una vez más su pérdida. En mi mente miré la película del momento en que lo arrebataron de mi lado 4 asaltantes armados. Recordé mi estupidez al negarme a entregarlo, acción que casi me cuesta la vida.


La lágrima debida al caso se abrió paso agresivamente mientras recordaba lo que le dije al viento el día siguiente del suceso: Los recuerdos son a prueba de balas e indelebles en el tiempo.


Meditaba en las palabras del cantante: mi bajo y yo somos como hermanos. No hay mentira en ellas.


Un instrumento musical es una extensión del mismo músico. Es la parte de su corazón que traduce lo que no puede decirse con palabras. Es aquello através de lo cual su alma puede expresarse plenamente y sin temor a ofender.


Muchos ponemos nombre a cosas inanimadas tratando de ofrecerles vida. Aun cuando suene a locura, este no es el caso de un instrumento. Para muchos un instrumento es un pedazo de madera con cuerdas. Este no es mi caso.


Desde mi óptica, cuando un músico le pone nombre a un instrumento solo reconoce el hecho de que este tiene vida propia y regala vida en cada nota que emite.

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