miércoles, 21 de diciembre de 2011

Semana 13. Retrato


Apacible, callada, mirada fija esperando las luces que han de guiarla a casa. Media sonrisa para ocultarse de la multitud, maquillaje ensuciando el rostro, opacando lo perfecto.

Sentada sobre su cama reposa como quien espera con paciencia, condena del artista al dejarla presa de la inmortalidad. Seduciendo al universo ve caer uno a uno los granos de arena, congelada en el mismo sitio desde hace tantas lunas atrás.

Fría, inmóvil, negada a derramar una lágrima, inmune al paso del implacable. Casi puede oírse el lamento de su pena, sintiendo su aliento vibrar como queriendo romper en llanto.

Salida de un sueño, ubicado en algún lugar mítico apartado de los simples. Labios color de mañanas, despertares en febrero con olor a jazmín. Mejillas delicadas, flores en botón, inalcanzables a los mortales.

Ropa que no logra esconder lo evidente. Una mano interrumpida al momento de jugar entre largos hilos color de noches. Simetría delineando cada detalle, líneas dibujadas a mano de manera magistral.

Ojos claros exhibiendo profunda tristeza, destellos del alma que se esconde detrás de la puerta. Aroma de mujer engalana la imagen, dándole vida al lugar. Todos le miran detenidamente cual aparición, todos menos uno.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Semana 12. Ruido

Labios danzantes irrumpen la escena. Violentos, impetuosos, luego cálidos, gentiles. Tiernamente se rozan probando cada centímetro justo antes de estallar nuevamente. Tempestad y calma a ratos, unos más cortos que otros.

Sonido de respiración entrecortada, profunda bocanada de aire. Suspiros a montones para luego continuar la faena. Incesantes, voraces, fieros, implacables. Deseosos del deseo, cansados de desear, desesperados por dejar su huella.

Sabor a perfume y maquillaje amarga al paladar sin incomodar. Sabor a miradas certeras como lanzas en pleno día. Sabor a sed, calor en noche de invierno. Sabor a ganas, a vida y muerte entremezcladas en dosis desordenadas.

Sonidos que alteran los latidos, cerraduras y puertas dan voces de alerta.

¿Qué hay en besos robados? ¿Qué de la sensación en el pecho, el temblor en las manos?

Animales nocturnos asechándose entre un mar de gente. El tiempo corre para todos, deteniéndose en dos.

El reloj gira y aún no dan las nueve. Detrás de la puerta se esconde la que despierta con el reflejo del sol al son del deseo, negando lo evidente para seguir ocultando lo que grita su piel.