Es extraño mirar al espejo. Pensar en la vanidad del hombre, sentir como consume el ser, su esencia, lo que le hace moverse, estudiar, amar, creer, levantarse día a día para ir al trabajo, lo que lo hace vivir.
Conocer cuan profundo se arraiga en nuestra manera de ver y sentir el juicio que nuestro entorno emite como resultado de un “Culto a
Mientras tomaba un café en un sitio público (un lugar común, así como esos sitios que no sabes que están hasta que alguien lo recomienda), vi pasar una mujer, un tanto mayor, rostro delicado aunque marcado por los embates del tiempo, mirada dulce, amable, de la gente que suele sonreír al cruzar la mirada con un desconocido, y así fue; mientras levantaba mi taza me miró y con una sonrisa retiró la mirada.
Pensé: es difícil ser amable en este lugar convulsionado, eufórico y vehemente al que llamamos mundo. Mi corazón se alegró, pude sentir esperanza y como ráfaga de viento recordé algo que dijo mi madre hace muchos años: ¡Tú eres tu país, la forma en que mire otro al lugar de donde vienes depende de ti! (los años llenan de sabiduría al alma, ¿verdad?).
De pronto un mesero del lugar se acercó diciendo: “¿eso era una mujer, o un oso?”. Cuando dispuse de prescindir de mi dulce café para arrojarlo justo en la cara de ese infeliz un hombre mayor se sentó en mi mesa sin invitación, sumamente alto, complexión robusta, vestido elegantemente, sus ojos apuñalaron al mesero.
Antes que pudiera preguntarle quién era con voz enérgica responde: ¡Todo mundo tiene público! Inmediatamente supe que se refería al comentario despectivo que hiciera ese tipo. Le dije: Así es amigo, altas, bajas, gordas, delgadas, morenas, rubias… todas tienen a alguien que suspira por ellas, ¡Así es!
El mesero se retiró rápidamente y aquel hombre comenzó a hablar. ¿Qué importa su condición física? Se que no me conoces hijo, pero quiero decirte algo y espero que lo tomes como un consejo, llévalo siempre contigo, porque la sabiduría es mucho mas preciosa que la mas cara de las joyas que un hombre pueda tener, los sabios que la humanidad hoy reconoce como hombres entendidos y con una conciencia amplia no fueron gente que buscó conocer para sí mismos, sino que trabajaron de manera incansable para llevar ese conocimiento a los menos entendidos, gente común como nosotros.
Cuando veas a una mujer, recuerda que es la perfección de la creación de Dios, su obra maestra. La ultima cosa que hizo Dios, después de montañas altas y paisajes que te hacen sentir ante su presencia, luego de aves con plumajes imposibles de dibujar por su complejidad de colores, posteriormente a bañar los cielos con enigmáticos matices que no pueden describirse con palabras, después de ver que nosotros no podíamos estar solos porque sin ayuda somos un tanto torpes y en ocasiones hasta inútiles, después de eso, las creó a ellas.
Un dulce amargo para disfrutar, su belleza para admirarlas, su ternura y fragilidad para protegerlas y su carácter para no ponernos las cosas fáciles, todo gusto requiere sacrificio, recuérdalo siempre, ¡Buenas tardes!
Sin decir mas se levantó, pagó mi café y se fue. Una buena lección para recordar es esta: No subestimes a nadie por cómo se ve ese caparazón al que llamamos cuerpo, recuerda que el espejo te muestra sólo lo que quieres ver, y no lo que ven los demás.

