lunes, 26 de mayo de 2008

De La Soledad Que Dejó

El dulce aroma de su cuerpo reposa silente en el aire

Ausencia de sus besos que turba al alma presa por su recuerdo

Ojos que juegan a encontrarla en rostros ajenos

Aún puedo sentirla como a una caricia que arropa

En la soledad del pensamiento.


En silencio deseé sus labios

En la agonía incesante de la espera

Entre sombras y anonimato.


La imagen de un rostro de mujer perturba mi ser

Desde el despuntar del alba hasta que el sol se duerme está conmigo

Su mirada es una presencia que envenena mi mente

Embriagando mis sentidos

Robando la paz que soñé tener un día.


Intoxicante y cruel boca vestida de rojos seductores

Capaz de tomar por completo la razón del hombre recto

Miradas fascinantes que invitan a la locura

Hechizo de luna que trastorna, que hiere.


Colores de amanecer que se confunden con su silueta

Gloria y pecado en un solo ser

Belleza que opaca a las cayenas salvajes, a los lirios de los campos.

Corazón desierto y amargo por el recuerdo

Palabras engañosas que llenan de pena y oscuridad.


Llora el caminante su condena

No detiene su paso

Sigue firme aunque el camino se muestre lúgubre y vacío

La inmensa llanura le abre los brazos

La brisa nocturna ansiosa le estaba esperando.


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