viernes, 23 de septiembre de 2011

Semana 5. Gris


Caos, entropía personalizada, nombre del dueño bordado en letras negras, grande y legible. Ruido intenso que calma aturdiendo sentidos, dejándolos quietos. Cambio brusco de métrica, progresiones intensas. ¡Caos! Si, caos y calma contoneándose sin razón ni compás.

Amargas intrigas, sabores comunes, repetidos. Heridas que no duelen siquiera, disparos constantes al cadáver del deseo que existió. Rastros de tiempos pasados, prueba de dos queriendo ser uno, negándose sin fuerzas. Datos de una dimensión extraña, perdida.

Carcajada seca ante afirmaciones genuinas. Darse sin medida, no recibir justa retribución. Cautela en cambio al otro lado del río, recelo y mesura para no dejarse llevar. Negarse a si misma por su temor al mar y su pasión por la seguridad de la orilla.

Reproches a manos llenas sin quien los reciba. Reproches de regreso bienvenidos cual amigos cercanos. Alma manchada de instintos oscuros, preguntas echadas como cartas, barajadas y magistralmente regresadas tal cual salieron del mazo.

Palabras, inofensivas balas a quemarropa. Bálsamo de heridas que crearon, ungüento de lesiones graves y otras no tanto, pólvora al viento y fuego. Bocas ensangrentadas, culpables tanto como inocentes del mal que causaron, del bien que perdieron, del pecado de callar.

Olvido de regalo a esa frase que me decía, esa que repetía cada vez que la emoción le cortaba el aliento, la que con besos solía callarle en la boca una vez, luego la usaba una vez más como si necesitara escucharla, como si el susurro

Segundos como años, sentados en el mismo lugar donde acostumbraba esperarla. “El tiempo pasa lento cuando somos infelices” – dijo  una vez,  ahora comprendo lo que el corazón se negó a ver, estúpida bomba llena de mangueras que nos mantienes vivos aún estando muertos.

Serenidad aparente, incoherencia constante. Fenómenos de recurrencia evidente y redundancia ante lo que es, lo que fue.

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