viernes, 2 de septiembre de 2011

Semana 2. Grito


Los espejos no mienten, mienten los ojos que no se cansan de ver cosas donde no las hay. Mienten los labios y los cuerpos a gritos punzantes en el infinito, mienten y gustan mentir por motivos que aún no logro descifrar.

Por esas mentiras he visto el sol ponerse 43 veces el mismo día, por su boca dulce y amarga a mi oído. Mística presencia, ausente desde hace 180 noches; 6 lunas y media han pasado desde su adiós y aún recuerdo con claridad la estupidez que pensé esa última vez.

¿Puedes ver cada línea en sus manos? ¿Las conoces bien? ¿Sabes que no puede dormir sin ver una estrella? ¿Sabes que el aroma de su piel cambia con su estado de ánimo? ¿Entiendes sus manías? ¿La piensas como yo? ¿Es tanto para ti como lo fue para mi, como lo es?

Reclamos sin dueño o con propietario definido como balas muertas, mentiras y mentirosos en lugar de verdades y justos. Acertijos multicolores inician el trance de mentes debilitadas por el paso del implacable, dunas infinitas son cárcel y libertad.

Miente y miento levantando el rostro, mostrando apatía. Bajo la mirada y sonrío, respiro un minuto de franqueza para seguir mintiendo y pretender olvido, desdén. Campo minado que solía ser un juego. Miento una vez a mi mismo y dos veces a los otros, creyéndome certero, mintiéndome de nuevo.

Dulce mentira que haciéndote real en mí traes ilusión y pena, como quien porta el beso de la muerte. Mentira que existió lo que creí real y supe imaginario, mentira elaborada con dedicación, tejida entre cercanías e insinuaciones, polvo al viento, vaivén entre ola y ola.

¿Qué hace el payaso cuando llorando por dentro se enfrenta cara a cara a la multitud? Si los mimos son payasos tristes: ¿Qué hacen los payasos alegres cuando viven la desolación de recuerdo? Cuando un mimo está alegre: ¿Pretende tristeza porque el show debe continuar?

Maquillar, perfumar, afeitar, depilar, vestir, fajar, operar, agrandar, reducir… ¿No son estas mentiras que todos han decidido aceptables? Mentimos involuntariamente y con conocimiento de causa y efecto sin medir daños, justificando con mentiras las mentiras que saboreamos a diario.

Miento y siento cómo cada mentira roba un pedazo de mi fe. Acepto que miento, la verdad me despierta cual bofetada. Miro el reflejo como a aquel hermano lejano, ojos que desconocen la imagen hallada cual bestia salvaje. Abrazo fraterno y susurro al oído: Todo va a estar bien. Despierto y entiendo que detenerse es perder.

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