viernes, 30 de septiembre de 2011

Semana 6. Propuesta


Accedió. Aceptó las condiciones del juego en silencio, lleno de dudas y falsas esperanzas creadas entre verdades a medias. Se mostró educada, apacible, callada, lo contrario a su proceder desde que los presentaron. La aceptó tal y como era. Arrogante, prepotente, soberbia, dominante, impositiva y con ínfulas de cruel. Una extraña mirada de lejanía y ternura asomaba como arma de destrucción masiva, usada para obtener cualquier cosa a su antojo.

 Observando detenidamente la fortaleza erigida a su alrededor, sintió curiosidad de qué había dentro. Se planteó estrategias, objetivos, metas, creyéndose astuto, típico estudiante de las artes, amante y practicante de las mismas. Como era de esperarse ninguna dio resultado. Evasivas, negativas, mirada y actitud retadoras hasta en momentos de debilidad.

Varias batallas debilitaron su esperanza de saltar las murallas. No le fue fácil entrar, tampoco complicado. El consentimiento del carcelero le permitió llegar a donde muchos intentaron y fallaron. La fórmula estuvo encima de la mesa en todo momento, un sobre particularmente blanco sin sellar. Ella entregó la llave, abrió las puertas de las catacumbas olvidadas pero presentes, donde escondió secretos que sólo podían ser revelados en algún ataque de locura o lucidez.

Al fin conocieron el uno del otro lo suficiente para acabarse, no dejando piedra alguna en pie. Texturas que renacen una y otra vez, muriendo de nuevo para nacer al día siguiente. Noche fría que recarga de energías dispersas los mares, de besos las pieles, de lamentos a los hombres. Espinas que protegen de quien deben y de quien no, diecisiete balas buscando quien las reciba, aún una está en la recamara y el arma se niega a disparar hastiada de ser evitada con feroz audacia.

Enigmas a dos voces, deseo y seducción en su mirar. Cada bocanada de aire compartido aumentaba la tensión, el ambiente denso marcó el momento con un ánimo propio y distintivo. Caricias cual sierra contra la viga, cortando, destruyendo, moldeando a gusto la forma de su víctima.

El dulce agrio de su alma lo atrapó cual red, envolviendo sus sentidos hasta dejarlos sin respiro. Se dejó caer al vacío a sabiendas de los riscos al fondo, del destino de los amores a hurtadillas, a oscuras. Consintió que lo tratara según se sentía, según le dictaba el momento. Insistió en evitar la confrontación, no encontraba herramientas para revertir ese estado. Abrazó su olor, su forma de actuar, las curvas de su pelo, ese timbre de voz al hablar de manera exagerada, su mirada que entre palabras se colaba.

Disfrutó el veneno mientras duró su efecto, entre manos ajenas no hay alianzas más allá de la luz del día. Seres nocturnos destruidos por el amanecer, hechos ceniza y memorias entre cánticos usados para espantar a los niños, para evitar que caigan en tinieblas, buscando ser iluminados y escapar a la recompensa de sus acciones.

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